Don Alfredo de Partearroyo escribe una carta

Uno de los episodios más angustiosos vividos colectivamente a lo largo de nuestra historia es el del azote de la arañuela que padecieron los olivos de Mora a comienzos del siglo pasado. La plaga venía ya de algunos años atrás, pero las proporciones que había adquirido a lo largo de 1907 habían sumido en la zozobra a la villa entera, aterrada ante la negra perspectiva de la ruina. Tendría que transcurrir todo un lustro de afanes e inquietudes para que la amenaza quedara conjurada, y eso gracias al empeño de muchas personas y a los desvelos y sabios oficios de don Leandro Navarro, quien se ganaría con ellos el respeto, el afecto y el agradecimiento de los morachos, que le seguimos recordando en nuestros días desde una de las calles más céntricas de la villa… Ir a Breves.

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Encerrados con la angustia

Son días terribles. Nos jugamos la vida. Como siempre, en realidad. Con la diferencia de que ahora estamos más cerca de perderla, pero, sobre todo, de que hemos descubierto de repente nuestra fragilidad. Y si bien es cierto que, encerrados entre cuatro paredes, nos encontramos solos, no lo es menos que no nos sentimos solos, porque el temor también nos ensancha y nos proyecta cuando comprendemos su alcance: nuestros seres queridos, nuestros vecinos, nuestros compatriotas, todos los hombres y mujeres de hoy.

Los de hoy y los de ayer. Porque la angustia que nos sobrecoge, tan nueva para nosotros, es la misma que sintieron muchos de nuestros antepasados. También aquí, en nuestro pequeño mundo moracho, en nuestra amada patria chica. Por eso queremos revivir tres momentos señalados en que los morachos de ayer padecieron el mismo aislamiento y la misma zozobra que los de hoy: el cólera de 1834, el dengue de 1891 y la gripe de 1918.

Se trata de una nota y dos artículos ya publicados en Memoria de Mora que nos hermanan como nunca con nuestros paisanos de otro tiempo; que nos hacen convivir con ellos casi literalmente. Convivir en esa angustia que un día fue suya y ahora es nuestra.

Mora en los tiempos del cólera: la terrible epidemia de 1834

Cuando la gripe no era la gripe: el dengue, trancazo o influenza de 1891

La gripe de 1918 (Breves, núm. 13)

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Los hermanos Sánchez-Cabezudo y otros militares morachos (1868-1939)

Intentar entender el pasado exige por fuerza desprenderse de ciertos prejuicios o de ciertas ideas establecidas. Porque los tiempos cambian, y la incomodidad con que hoy abordamos diversas realidades y situaciones ayer tal vez se traducía en adhesión y hasta fascinación. Caso de la milicia por ejemplo, cuando la guerra era el pan de cada día: en la época a que nos remitiremos, y sin salir de lo inmediato, los estertores del carlismo darían paso a las guerras coloniales de Cuba, de Filipinas y más tarde de Marruecos, y, sobre todo, a la espantosa tragedia vivida por nuestros padres y abuelos entre 1936 y 1939. No extrañará, por tanto, que algunos jóvenes morachos, ya formándose en las academias militares, ya reenganchándose como soldados de reemplazo, se aventurasen en una profesión que concitaba entonces el mayor prestigio social. Pues bien, aquí presentamos a los que hemos podido recuperar, en la confianza de que sus vidas y afanes interesarán a nuestros amigos de Memoria de Mora. Ir a Personas y personajes.

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Nombres raros, peregrinos y extravagantes

No es la primera vez, ni tal vez sea la última, que fijamos nuestra atención en los nombres de pila, un tema por el que confesamos una viva atracción que se ha visto potenciada en los últimos tiempos, cuando la repetida consulta de los escalafones de jefes y oficiales del ejército para un estudio que publicaremos próximamente en Memoria de Mora nos ha puesto en contacto con decenas de nombres raros y hasta pintorescos, en un proceso que de la extrañeza pasó a la delectación, y de aquí al impulso de ir anotándolos para salvarlos del olvido…  Ir a Cajón de sastre.

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Morachos para el recuerdo: Félix de Mora-Granados López-Ayllón

No son pocos, para vergüenza nuestra, los morachos de mérito enterrados en la ignorancia del pasado. Y no se trata necesariamente de personas cuya vida y obra han trascendido los estrechos límites de la villa para ganarse el reconocimiento general, sino de paisanos nuestros que, más allá incluso de sus logros objetivos, por su talento o por su dedicación son dignos de ser recordados. Es el caso, entre tantos otros, de Félix de Mora-Granados López-Ayllón, de quien no alcanzamos a trazar una biografía completa, pero sí a exponer unos cuantos datos que perfilan su figura… Ir a Breves.

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Morachos de 1896

Numerosas son, y apasionantes, las tareas pendientes en relación con la presencia de Mora en los periódicos de los siglos pasados. El examen exhaustivo de El Imparcial (1867-1933), el gran diario liberal madrileño, es una de ellas, ya que hasta ahora solo hemos emprendido al respecto, con desiguales resultados, algunas exploraciones parciales. Pues bien, hoy nos complace presentar un hallazgo que juzgamos especialmente afortunado: la relación de los donativos recogidos entre los morachos por ese periódico en noviembre de 1896 con destino a los soldados heridos y enfermos en la Guerra de Cuba. Viene a mostrarnos la adhesión a la causa, el compromiso social y la solidaridad de nuestros paisanos de entonces en un momento de especial gravedad, y nos permite en concreto conocer por su nombre a los regidores y empleados del Ayuntamiento, a los miembros del Juzgado, los músicos de la Banda Municipal, los directivos de la Protectora, los sacerdotes, los profesores y alumnos del Colegio del Carmen…, y, por encima de todo, a más de 1.500 morachos y morachas felizmente rescatados del anonimato. Ir a Personas y personajes.

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La Virgen de la Antigua y su Hermandad

Atendiendo a la generosa invitación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua, y muy especialmente de quien la ha presidido durante los últimos 31 años, don Valentín Bravo Martín-Pintado, la tarde del pasado 7 de septiembre le cupo al autor y editor de Memoria de Mora el señalado honor de pronunciar el pregón de la festividad de la Virgen en el marco incomparable del cerro de la Antigua. A pesar de nuestro convencimiento de que la oportunidad del discurso deriva precisamente del momento y del lugar, las numerosas peticiones de amigos y paisanos nos empujan a ponerlo aquí a disposición de todos. Ir a Casos y cosas.

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