Una boda de viejos, o de cómo el amor linda con la barbarie

Es seguro que nuestros amigos de Memoria de Mora no alcanzaron a vivirlos, pero sin duda a conocerlos de oídas. Nos referimos a casos como el protagonizado por los morachos Anastasio Gutiérrez, de 72 años, y Nicolasa Méndez, de 69, que en noviembre de 1928 decidieron unirse en matrimonio, dando así un paso tan admitido en lo legal como atrevido en lo social, que chocaba entonces de frente con los usos y costumbres ordinariamente aceptados, y cuya celebración comportaba desórdenes y alborotos sin cuento. La noticia del caso, que publica el prestigioso diario El Sol, desencadena un pequeño boom informativo en la prensa madrileña de aquellos días, y nos autoriza a preguntarnos qué pasaba por entonces y desde entonces en Mora y otros lugares en situaciones semejantes. Ir a Casos y cosas.

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Don Alfredo de Partearroyo escribe una carta

Uno de los episodios más angustiosos vividos colectivamente a lo largo de nuestra historia es el del azote de la arañuela que padecieron los olivos de Mora a comienzos del siglo pasado. La plaga venía ya de algunos años atrás, pero las proporciones que había adquirido a lo largo de 1907 habían sumido en la zozobra a la villa entera, aterrada ante la negra perspectiva de la ruina. Tendría que transcurrir todo un lustro de afanes e inquietudes para que la amenaza quedara conjurada, y eso gracias al empeño de muchas personas y a los desvelos y sabios oficios de don Leandro Navarro, quien se ganaría con ellos el respeto, el afecto y el agradecimiento de los morachos, que le seguimos recordando en nuestros días desde una de las calles más céntricas de la villa… Ir a Breves.

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Encerrados con la angustia

Son días terribles. Nos jugamos la vida. Como siempre, en realidad. Con la diferencia de que ahora estamos más cerca de perderla, pero, sobre todo, de que hemos descubierto de repente nuestra fragilidad. Y si bien es cierto que, encerrados entre cuatro paredes, nos encontramos solos, no lo es menos que no nos sentimos solos, porque el temor también nos ensancha y nos proyecta cuando comprendemos su alcance: nuestros seres queridos, nuestros vecinos, nuestros compatriotas, todos los hombres y mujeres de hoy.

Los de hoy y los de ayer. Porque la angustia que nos sobrecoge, tan nueva para nosotros, es la misma que sintieron muchos de nuestros antepasados. También aquí, en nuestro pequeño mundo moracho, en nuestra amada patria chica. Por eso queremos revivir tres momentos señalados en que los morachos de ayer padecieron el mismo aislamiento y la misma zozobra que los de hoy: el cólera de 1834, el dengue de 1891 y la gripe de 1918.

Se trata de una nota y dos artículos ya publicados en Memoria de Mora que nos hermanan como nunca con nuestros paisanos de otro tiempo; que nos hacen convivir con ellos casi literalmente. Convivir en esa angustia que un día fue suya y ahora es nuestra.

Mora en los tiempos del cólera: la terrible epidemia de 1834

Cuando la gripe no era la gripe: el dengue, trancazo o influenza de 1891

La gripe de 1918 (Breves, núm. 13)

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Los hermanos Sánchez-Cabezudo y otros militares morachos (1868-1939)

Intentar entender el pasado exige por fuerza desprenderse de ciertos prejuicios o de ciertas ideas establecidas. Porque los tiempos cambian, y la incomodidad con que hoy abordamos diversas realidades y situaciones ayer tal vez se traducía en adhesión y hasta fascinación. Caso de la milicia por ejemplo, cuando la guerra era el pan de cada día: en la época a que nos remitiremos, y sin salir de lo inmediato, los estertores del carlismo darían paso a las guerras coloniales de Cuba, de Filipinas y más tarde de Marruecos, y, sobre todo, a la espantosa tragedia vivida por nuestros padres y abuelos entre 1936 y 1939. No extrañará, por tanto, que algunos jóvenes morachos, ya formándose en las academias militares, ya reenganchándose como soldados de reemplazo, se aventurasen en una profesión que concitaba entonces el mayor prestigio social. Pues bien, aquí presentamos a los que hemos podido recuperar, en la confianza de que sus vidas y afanes interesarán a nuestros amigos de Memoria de Mora. Ir a Personas y personajes.

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Nombres raros, peregrinos y extravagantes

No es la primera vez, ni tal vez sea la última, que fijamos nuestra atención en los nombres de pila, un tema por el que confesamos una viva atracción que se ha visto potenciada en los últimos tiempos, cuando la repetida consulta de los escalafones de jefes y oficiales del ejército para un estudio que publicaremos próximamente en Memoria de Mora nos ha puesto en contacto con decenas de nombres raros y hasta pintorescos, en un proceso que de la extrañeza pasó a la delectación, y de aquí al impulso de ir anotándolos para salvarlos del olvido…  Ir a Cajón de sastre.

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Morachos para el recuerdo: Félix de Mora-Granados López-Ayllón

No son pocos, para vergüenza nuestra, los morachos de mérito enterrados en la ignorancia del pasado. Y no se trata necesariamente de personas cuya vida y obra han trascendido los estrechos límites de la villa para ganarse el reconocimiento general, sino de paisanos nuestros que, más allá incluso de sus logros objetivos, por su talento o por su dedicación son dignos de ser recordados. Es el caso, entre tantos otros, de Félix de Mora-Granados López-Ayllón, de quien no alcanzamos a trazar una biografía completa, pero sí a exponer unos cuantos datos que perfilan su figura… Ir a Breves.

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Morachos de 1896

Numerosas son, y apasionantes, las tareas pendientes en relación con la presencia de Mora en los periódicos de los siglos pasados. El examen exhaustivo de El Imparcial (1867-1933), el gran diario liberal madrileño, es una de ellas, ya que hasta ahora solo hemos emprendido al respecto, con desiguales resultados, algunas exploraciones parciales. Pues bien, hoy nos complace presentar un hallazgo que juzgamos especialmente afortunado: la relación de los donativos recogidos entre los morachos por ese periódico en noviembre de 1896 con destino a los soldados heridos y enfermos en la Guerra de Cuba. Viene a mostrarnos la adhesión a la causa, el compromiso social y la solidaridad de nuestros paisanos de entonces en un momento de especial gravedad, y nos permite en concreto conocer por su nombre a los regidores y empleados del Ayuntamiento, a los miembros del Juzgado, los músicos de la Banda Municipal, los directivos de la Protectora, los sacerdotes, los profesores y alumnos del Colegio del Carmen…, y, por encima de todo, a más de 1.500 morachos y morachas felizmente rescatados del anonimato. Ir a Personas y personajes.

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La Virgen de la Antigua y su Hermandad

Atendiendo a la generosa invitación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua, y muy especialmente de quien la ha presidido durante los últimos 31 años, don Valentín Bravo Martín-Pintado, la tarde del pasado 7 de septiembre le cupo al autor y editor de Memoria de Mora el señalado honor de pronunciar el pregón de la festividad de la Virgen en el marco incomparable del cerro de la Antigua. A pesar de nuestro convencimiento de que la oportunidad del discurso deriva precisamente del momento y del lugar, las numerosas peticiones de amigos y paisanos nos empujan a ponerlo aquí a disposición de todos. Ir a Casos y cosas.

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La feria de Mora antes de 1840

Pronto llegarán los días de la feria, los más esperados en la villa por chicos y grandes. Al menos así era tiempo atrás, en la infancia de quien esto escribe; o antes aún, cuando los periódicos que se ocupaban de las cosas de Mora daban razón de la feria de ganados, de la corrida de toros, de las funciones de teatro, de la animación del ferial, de la vigilancia de la Guardia Civil «sobre la polilla y la plaga de golfos y gente maleante que ha llovido en las calles, posadas, albergues nocturnos y aduares de la villa» (como escribía con gracia el corresponsal de El Castellano a propósito de la de 1907)… Ir a Breves.

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Los Dominguines en Mora (con un apunte sobre la dramática situación en la villa en mayo de 1939)

No es esta la primera vez, ni será la última, que Memoria de Mora aborda el tema taurino. Bien sabemos que hay personas que se oponen a las corridas de toros por la violencia que comportan. No ignoramos tampoco que se trata de un espectáculo muy alejado de la sensibilidad moderna. Pero lo cierto es que, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, los toros —y no pocos toreros— constituyeron un auténtico fenómeno de masas en España. También en Mora, que, a lo largo de los casi 150 años de existencia de su plaza de toros, ha vivido en ella tardes para el recuerdo. Es el caso de alguna de las que aquí presentamos, con una de las primeras actuaciones ante el público de un muchacho que pronto sería uno de los grandes del toreo, Luis Miguel Dominguín. Y con un trágico trasfondo que aún nos golpea e interpela. Ir a Personas y personajes.

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