De las ferias de 1878 y 1879

Pocas vivencias infantiles más placenteras que la de la feria. Era una ilusión que los niños alimentábamos a lo largo de todo el año con los ahorros que poco a poco iban espesando nuestras huchas y nos permitían gastar en aquellos señalados días de septiembre. Para esas fechas, y a diferencia de los domingos y otros festivos, no solo teníamos los puestos del tío Indalecio, el tío Rufo o la tía Hormiga, sino que podíamos tirar al tiro —así decíamos, con inconsciente redundancia—, comprar churros o berenjenas de Almagro o almendras garrapiñadas, jugar a la tómbola, montar en los caballitos, en la ola, en las barcas voladoras, en los coches eléctricos… Ir a Breves.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s