Tres morachos, entre decenas de toledanos, en los campos de concentración nazis (1940-1945)

Tengo por seguro que a más de uno de nuestros amigos de Memoria de Mora, como a quien esto escribe, la sola mención de los campos nazis le producirá una sacudida de horror. Y no es para menos cuando el espejo en que nos contemplamos los humanos nos devuelve una imagen tan aterradora de la especie; bien alejada, por cierto, de la que cantó el poeta: «No, no hay cárcel para el hombre. / No podrán atarme, no. / Este mundo de cadenas / me es pequeño y exterior. / ¿Quién encierra una sonrisa? / ¿Quién amuralla una voz?». Ir a Breves.

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