Morachas, y morachos, de 1885

En la línea de la que publicamos en su día para auxiliar en 1896 a los heridos y enfermos en la Guerra de Cuba, damos cuenta hoy de una suscripción anterior, de 1885, en que los vecinos de Mora muestran una vez más su solidaridad con los desfavorecidos. Se trata en este caso de la relación de donantes, 244 morachos y, sobre todo, 445 morachas, que colaboran en la colecta que en enero de 1885 promueve el arzobispado de Toledo para socorrer a las víctimas del terremoto que el día de Navidad de 1884 asoló una extensa zona de las provincias de Granada y Málaga. Ofrecemos en estas páginas la citada relación, completada con otras dos listas de elaboración propia que nos parecen de utilidad: una alfabética y otra de donativos, que ordenan respectivamente los nombres de los donantes y las cantidades donadas. Ir a Personas y personajes.

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Mónico García-Rosel, relojero de Mora

Recuperamos hoy a un moracho del que seguramente ni habíamos oído hablar. No así nuestros antepasados de hace un siglo, que, si bien no lo conocieron en persona, pudieron leer una biografía suya (de la que hubo en Mora un ejemplar, que perdimos, ay, como tantas cosas de nuestro pasado). Menos aún los morachos de hace siglo y medio, que tuvieron noticia de su relojería de la calle de Preciados de Madrid, tal vez por los periódicos, y de una fama bien ganada como constructor de relojes de torre que le llevó a numerosos pueblos de toda España. También a su patria chica, la nuestra, donde instaló el reloj de la torre de la iglesia, el reloj de la villa, como decían nuestros abuelos. Ir a Personas y personajes.

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Domingo Baeza Crespo, guardia civil y laureado de San Fernando

Tenemos hoy la satisfacción de recibir una vez más en Memoria de Mora a nuestro colaborador Julián de la Cruz de Gracia, que nos trae un artículo que responde cumplidamente al interés que suscita en nosotros la existencia de seres por los que la Historia suele pasar de largo. Se trata en este caso de Domingo Baeza Crespo (1900-1993), un humilde panadero de Mora cuya vida transcurre a través del siglo XX casi entero, que consigue con no poco esfuerzo ingresar en la Guardia Civil, y que, tal vez a su pesar, se encuentra inmerso en algunos de los episodios trascendentales de la pasada centuria, como lo son varias acciones militares de la guerra de Marruecos en 1924 o la defensa del Alcázar de Toledo en el verano de 1936. Ir a Personas y personajes.

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Anuncios y anunciantes de Mora en la prensa toledana (1909-1934)

La prosperidad de Mora en el primer tercio del siglo XX, derivada en buena medida del auge de su comercio e industria, se hace visible a partir de varias campañas publicitarias de firmas morachas que encontramos en diversos periódicos toledanos de estos años, especialmente en los diarios Heraldo Toledano en 1909 y El Castellano en 1922 y 1929, y en la revista Toledanos en 1934. Anuncios de establecimientos comerciales, almacenes, hoteles, talleres, bodegas, fábricas…, que abordamos, reproducimos y comentamos en estas páginas, dan fe de esta realidad y nos acercan a ella cien años después. Ir a Mora en la prensa.

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Más vidas olvidadas

Hoy hace exactamente un año que Tomás Calderón presentaba en Memoria de Mora una primera versión de Vidas olvidadas, que era entonces, y sigue siendo ahora, complemento necesario de su libro En voz baja, obras ambas que han interesado, emocionado y hasta abrumado a muchos de los morachos de hoy. Y no es para menos, pues Tomás ha tenido el valor de penetrar el denso silencio —tan comprensible— con que nuestros antepasados se protegían del horror insoportable de la Guerra Civil. Sin estridencias, sin gritos, en voz baja, rescataba para nuestro recuerdo las vidas olvidadas de 379 morachos, hoy incrementadas hasta las 516, que presentamos en una nueva edición en forma de libro, de libro digital, con la intención de contribuir a proporcionar el mayor relieve de que somos capaces al que ha de ser un hito de referencia de la historia contemporánea de Mora. Ir a Biblioteca.

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Los ordinarios de Mora y la posada de la Úrsula

Una mención de Víctor Díaz, ordinario de Mora a Madrid hacia 1860, nos ha abierto una senda por la que hemos logrado acercarnos a la posada de la Úrsula, en el número 148 de la calle de Toledo. Hasta este lugar hemos podido seguir a algunos de nuestros paisanos de entonces, especialmente los ordinarios, corsarios o cosarios, que allí portaban, en sus carros y galeras, asientos y arrobas, o, lo que es lo mismo, viajeros y mercancías; algunas, por cierto, tan preciadas y tan nuestras como el jabón de la mejor calidad de las fábricas de Mora. Ir a Casos y cosas.

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Abdón Martín-Carretero, un moracho en el lado oscuro

Traemos hoy a las páginas de Memoria de Mora a nuestro paisano Abdón Martín-Carretero y Castro, un moracho digno de no ser imitado; un curioso personaje que hallamos en torno a 1865 directamente envuelto en el escándalo. Albéitar, herrador, estudiante de Veterinaria, primista, activista, periodista…, al parecer expulsado de Mora en los primeros años sesenta, se mueve después por Mazarambroz, Toledo, Madrid y Córdoba a caballo de diversas vicisitudes y situaciones, algunas de ellas bien poco edificantes. Ir a Personas y personajes.

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Las calles de la Guerra

Al margen de las calles que van trazándose, y nombrándose, en los sucesivos ensanches de la villa, el callejero moracho ha mantenido un alto grado de permanencia en el tiempo. Con notables excepciones, eso sí, en diversos momentos de nuestra historia. Es lo que sucede en los años de la Guerra Civil, cuando bastantes de las vías morachas reciben nombres que seguramente muchos de nosotros desconocíamos por completo: alguien que saliera de la plaza de Pablo Iglesias por la calle de Toledo podía tomar a la izquierda por Aida Lafuente hasta Capitán Galán y desembocar en Manuel Azaña; o acercarse desde la plaza de la República hasta Luis de Sirval pasando por José Vega y callejeando luego por Jiménez de Asúa… Ir a Casos y cosas.

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Cuando se envolvía en papel de periódico: la queja de un moracho en 1912

Hubo un tiempo en que nuestras abuelas o bisabuelas —disculpen las lectoras lo exclusivo del femenino, pero así solía ser— hacían la compra portando el entonces imprescindible esportillo, que iban llenando con lo que mercaban en la plaza o en la tienda. Un hábito que en cierto modo hemos recuperado en nuestros días, cuando por fin vamos asumiendo la necesidad de reducir el uso de las bolsas de plástico y otros materiales difícilmente reciclables —digámoslo a la moderna— en favor de la conservación del planeta… Ir a Breves.

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