Del Frontón al Principal: teatros en Mora en el primer tercio del siglo XX

Varias generaciones de morachos no hemos conocido en la villa más teatro que el Principal. Eso sí, sabíamos cuando muchachos que era un teatro porque así estaba escrito en la fachada, pues allí no íbamos más que al programa doble de cine de los domingos a las cuatro; lo mismo que al Cuesta, junto a la Glorieta. Pero quienes nos antecedieron no solo pudieron ver cómo se alzaba el flamante coliseo de la calle Ancha, sino frecuentar el Teatro Tapia, y antes aún el Teatro María Teresa; también el célebre Teatro Peña, en la calle de las Huertas, y los más viejos, hasta el Teatro-Frontón Méndez Núñez, en la calle de Orgaz. Algo hemos alcanzado a averiguar sobre todo ello, y aquí se lo ofrecemos a nuestros amigos de Memoria de Mora. Ir a Casos y cosas.

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El cine en Mora: el Coliseo Moderno

El cinematógrafo como espectáculo público irrumpió con fuerza en toda España a principios del siglo pasado. También en nuestra villa, donde los teatros ofrecieron sesiones de cine regularmente al menos desde 1916. Pero para entonces las proyecciones cinematográficas eran ya bien conocidas en Mora: los programas de la feria de 1912 anunciaban, sin más, «cinematógrafo público» para las nueve de la noche del primer día, 14 de septiembre, y acerca de los festejos de la de 1915 avanzaba El Duende de Mora a finales de ese agosto: «Exhibiranse decentísimas películas al aire libre, para que sin temor, y sin costar un perro, las puedan presenciar hasta los gatos, sus mayores enemigos. Un mundo nuevo con precioso cosmorama»… Ir a Breves.

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Los efectos del anuncio

Un periódico alemán ha estudiado los efectos que producen al público los anuncios publicados en la prensa. Según él, para tener algún éxito, un anuncio debe publicarse por lo menos diez veces seguidas, a ser posible, en el mismo sitio del periódico. Los efectos se suceden entonces de esta manera: Primera inserción: los lectores ni siquiera ven el anuncio. Segunda inserción: lo ve, pero no se detiene a leerlo. Tercera inserción: le pica la curiosidad, y lo lee. Cuarta inserción: el lector se fija en el precio del artículo anunciadoIr a Cajón de sastre.

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Mora en el Catastro de Ensenada (1752)

A mediados del siglo XVIII se llevó a cabo el que es considerado como primer censo moderno elaborado en España: a partir de cuarenta preguntas, desde el nombre de la población hasta las fincas y rentas reales que debían extinguirse, se indagaba sobre cada uno de los municipios de la Corona de Castilla, incluido el nuestro. Precisamente las respuestas ofrecidas en la villa de Mora y en el despoblado de San Marcos de Yegros son las que basan el presente estudio, que transcribe y valora los datos obtenidos sobre impuestos, cultivos, propiedades, industria, comercio, habitantes…, con mención de cientos de antepasados nuestros, sus nombres y apellidos, y sus oficios, propiedades y rentas.

El autor del artículo es el joven historiador moracho Julián de la Cruz de Gracia (1977), a quien Memoria de Mora acoge con los brazos abiertos y agradece su valiosa colaboración. Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, De la Cruz de Gracia reside actualmente en Parla (Madrid) y trabaja en un libro sobre los protocolos de Mora a principios del siglo XVIII. Ir a Casos y cosas.

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“El caso de Mora” en las elecciones municipales de 1931

Si nuestra villa constituyó un caso especial en las elecciones municipales de 1933 —lo señalábamos aquí mismo, en el breve 14, «Las mujeres de Mora votan primero»—, más aún lo fue dos años antes, en las de abril de 1931, que tan decisivas se revelarían inmediatamente, con la proclamación de la República. Incluso la expresión el caso de Mora, tal cual, saltó entonces a la prensa provincial y nacional. ¿Por qué? Vamos a verlo enseguida… Ir a Breves.

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Muchachas que estudian (1882 y 1932)

Aun considerando los grandes avances de los últimos tiempos, no hay duda de que la plena igualación social del hombre y la mujer resulta todavía hoy entre nosotros más una noble aspiración que una realidad efectiva. Cosa que no sorprende cuando se conoce, por ejemplo, que hasta hace no mucho más de cien años era prácticamente impensable que una muchacha estudiase. En realidad, ¿para qué iba a hacerlo, si le estaba vedada cualquier ocupación al margen de las labores propias de su sexo?… Ir a Cajón de sastre.

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Frases, modismos y cantares de Mora (1915)

De la actividad periodística de Mónico Bautista-Abad (1888-1953), que reseñábamos hace unas semanas en Memoria de Mora, queremos hoy extraer sus «Frases, modismos y cantares regionales» publicados por El Castellano en el otoño de 1915, serie tan limitada como interesante que viene a constituir en la práctica su despedida del periodismo; lo cual —limitación y despedida— no cabe sino lamentar en quien contaba con sensibilidad y curiosidad bastantes para haber elaborado un repertorio mucho más rico y afinado de lo que resultan ser estas pocas pinceladas. Pero a Bautista-Abad, por lo que parece, le faltaron tiempo, sosiego y determinación. Ir a Mora en la prensa.

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Calamidades en Mora: un perro rabioso aterroriza a los morachos (noviembre de 1923)

Nada nos acerca más al prójimo que las vivencias compartidas: los anhelos, esperanzas y realizaciones; las tribulaciones, contrariedades y desengaños. Y, por encima quizá de todo, el terror, el terror pánico. Los morachos viejos nunca podremos olvidar la tarde de una feria de los primeros años sesenta (¿1963?), cuando corrió como reguero de pólvora en toda la villa la noticia de que un león acababa de escaparse del circo y andaba suelto por las calles. Se trataba en realidad de una falsa alarma, pero eso se supo bastante después. Durante un buen rato se apoderó de nosotros un espanto que desembocó luego en innumerables anécdotas, historietas y hablillas, que relatábamos con tanta profusión como regodeo… Ir a Breves.

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Niños y féretros

Consérvase entre muchas personas la costumbre de conducir al cementerio los cadáveres de los párvulos en cajas abiertas. En esta época [de verano] los cadáveres entran en putrefacción muy pronto, y conducidos en esta forma, van esparciendo por la calle olores miasmáticos que además de repugnantes pueden ser y son perjudiciales para la salud pública. Y como todo lo que a esta se refiere es de interés vital, suplicamos al señor gobernador civil, al señor alcalde, o a quien competa, que prohíba terminantemente esta costumbreIr a Cajón de sastre.

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Periodistas morachos: Mónico Bautista-Abad (1888-1953)

Contados serán los morachos de hoy que conocieron en vida a Mónico Bautista-Abad, fallecido hace ya más de medio siglo; pero menos serán aún los que desconozcan su nombre, que perduró para designar coloquialmente en la villa hasta ayer mismo el establecimiento comercial que regentaron después su viuda y su hijo en el número 1 de la calle de Leandro Navarro.  Persona de notoria proyección pública, Bautista-Abad fue también maestro, y en su juventud (1911-1915), como veremos, ejerció ocasionalmente el periodismo… Ir a Personas y personajes.

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