En marzo de 1918 se declaró en los Estados Unidos una epidemia de gripe que acabaría segando las vidas de entre 25 y 40 millones de personas en América y Europa, hasta constituir una de las pandemias más mortíferas de la historia de la humanidad. Pronto llegó a España —y a Toledo, y a Mora— la que curiosamente sería conocida a la postre en todo el mundo como la gripe española, no tanto por la violencia que presentó en nuestra tierra como por la resonancia pública que le brindó la prensa en un país que, a diferencia de la mayor parte de los occidentales, no combatió en la Gran Guerra y, por tanto, no vio censurada o condicionada su información con el fin de no desmoralizar a las tropas… Ir a Breves.
Documentos históricos conservados en el Ayuntamiento de Mora
«¿Qué queda en Mora?», se pregunta Hilario Rodríguez de Gracia tras constatar la casi absoluta ausencia de fuentes documentales in situ. «Hay, del siglo XVI al XIX, unos pocos libros, unos cuantos papeles viejos». Estos papeles viejos, oro molido en el paño de su sabiduría de historiador, es lo que se dispone a ofrecernos el profesor Rodríguez de Gracia desde este artículo inicial, a través de la reproducción y explicación de tres documentos morachos del siglo XVI: una ejecutoria real (1504), una real cédula (1569) y un título para ejercer el oficio de albañil (1591). Ir a Casos y cosas.
El silbato de las locomotoras
Hace 75 años los maquinistas [de los trenes] llevaban un cuerno de latón, con el cual avisaban al tomar las curvas y al cruzar los pasos a nivel. En 1833, un campesino inglés que se dirigía al mercado fue arrollado por un tren que, además de matarle a él y a los caballos, estropeó el carro y la mercancía que llevaba, consistente en un millar de huevos y cien libras de manteca, todo lo cual pagó religiosamente la compañía… Ir a Cajón de sastre.
Del Círculo de la Concordia al Casino de Mora
Cuando en septiembre de 1916 los socios del antiguo Círculo de la Concordia se instalen en su nueva sede de la plaza de Castelar, no solo harán nacer el Casino de Mora, sino que alzarán un edificio que asombrará a propios y extraños: su aristocrática portada, su escalinata de mármol, su magnífico patio, sus amplios salones, se constituirán desde entonces en avanzada del sueño de tantos morachos que no se resignaban a vivir en un pueblo rico con hechuras de pobre… Ir a Casos y cosas.
Clericales y anticlericales a la greña (1906)
Cuando en la primavera de 1906 El Castellano informe de «las conferencias que sobre las verdades del catolicismo viene dando los sábados por la noche, en el templo parroquial, el señor cura» (que era don Ángel Ríos Rabanera, el que años después impulsará la construcción del Colegio Teresiano), deslizará un comentario verdaderamente inquietante: «Ni los esfuerzos de los corifeos del libre pensamiento, ni las mentiras que esparcen entre el vulgo, serán bastantes a desvirtuar el fruto religioso que los trabajos del párroco han de producir». Para apostillar taxativo: «¡Adelante!»… Ir a Breves.
Un elefante pianista
En un famoso circo anunciaron una gran función en la que debía tomar parte como número principal del programa un elefante tocando el piano. Este extraño ofrecimiento atrajo mucha gente, y el circo se vio lleno completamente. Comienza la función; la impaciencia de los espectadores aumenta por grados; pero, por fin, llega el número consabido. Se coloca en la pista un gran piano de cola, el elefante se encamina con paso lento y grave al instrumento, se sienta, recorre con la trompa las teclas haciendo una escala… Ir a Cajón de sastre.
Periodistas morachos: Juan Marín del Campo (1865-1945)
Damos hoy inicio a la que será una breve serie sobre periodistas morachos de ayer trayendo a las páginas de Memoria de Mora la figura irrepetible de don Juan Marín del Campo (1865-1945), jurista, escritor, periodista y apologista incansable, que llegó a ser una de las firmas más controvertidas e influyentes de la prensa católica madrileña de la época. Una sólida formación y una vasta cultura se hermanan en Marín del Campo con su curiosidad sin límites, su asombrosa fecundidad y su escritura rica, intensa, castiza y dotada de un empaque digno de nuestros mejores clásicos. Ir a Personas y personajes.
Morachos que veranean: del balneario al tren botijo
Si resulta cierto que no es hasta tiempos recientes cuando se ha generalizado el veraneo —o las vacaciones de verano, por decirlo a la moderna—, no lo es menos que un siglo atrás paisanos nuestros —no siempre opulentos, ni siquiera pudientes— andaban escapando de los rigores del chicharrero acá o allá para tomar las aguas de los balnearios o los baños del mar… Ir a Breves.
Novedades en nuestra Biblioteca
Continuamos prestando atención a fray Francisco de la Cruz, y a la que hemos llamado su portentosa aventura, con el acceso a dos títulos recientemente digitalizados que incorporamos a la primera de las fichas —1. Sebastián Muñoz Suárez, Vida de fray Francisco de la Cruz— con que en su día abrimos nuestra Biblioteca de Memoria de Mora: por una parte, la edición príncipe (1667) de la obra de Muñoz Suárez, y, por otra, el manuscrito que da cuenta de una de las etapas (la de la Provenza francesa) del viaje del carmelita moracho, en digitalizaciones respectivas del volumen conservado en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid y del manuscrito que custodia la Biblioteca Nacional. Ir a Biblioteca.
Lo que pesa el alma humana
Treinta gramos exactamente. Es el sensacional descubrimiento que hizo en la primavera de 1912 un médico de San Petersburgo. Su indagación le llevó también a establecer firmemente que los animales no tienen alma. Cuestión de pesos. Véalo el lector en El Nuevo Ateneo. Ir a Cajón de sastre.